viernes, 31 de marzo de 2017

LA GRIETA

Cada vez que un nuevo conflicto político se avizora en nuestro país, la palabra grieta viene a representar una serie de posiciones distintas que tienden a definir “de qué lado está cada uno”. Pero ¿qué significa en verdad la expresión “ensanchar a grieta”? ¿Acaso se trata de una calle de “mano única”? ¿siempre pensamos lo mismo en esta sociedad?
Lo primero que hay que afirmar es que es positivo para una sociedad que existan disidencias a la hora de analizar un tema. El origen de la “grieta” no está en el gobierno actual, ni en el anterior, ni en la crisis del 2001, ni en la Guerra de Malvinas, ni en las dictaduras ni en el Peronismo o el Rosisimo.
Tal vez es posible analizar el término desde una perspectiva histórica que nos permita visualizar algunos momentos que ayudaron a marcar diversas posiciones acerca de ciertos hechos.
Nietzsche decía que no existe el hecho sino las interpretaciones. En este sentido, se trata de construir subjetividades, puntos de vistas, criterios, más que elaborar una teoría sobre tal o cual acción.
Si alguien marcó a fuego una posición justamente por sus ideas políticas, ese fue Sarmiento, quien en 1845 -en forma de folletín y desde el exilio- propone el binomio “Civilización y Barbarie”. No pretendo describir todo el entorno en que se enmarcan esos acontecimientos, pero desde lo conceptual marca una disyuntiva difícil de subsanar por esos años y que aún persiste en el inconsciente de una sociedad que se apasiona por las diferencias: el problema surge cuando se agreden las otras.
Pero lo que hace Sarmiento es “inaugurar” un pensamiento desde lo conceptual, porque en la Revolución de mayo la grieta también existía: no pensaban igual Saavedra que Moreno, por ejemplo. Y remontándonos más aún en el pasado, la “Conquista de América” está llena de polarizaciones si uno tiene en cuenta las lecturas que hablan de exterminio indígena, imposición del cristianismo y la lengua española, la esclavitud, la civilización o -como afirmaba Todorov- la otredad y los problemas de hermenéutica entre unos y otros.
Quiero decir: no hay “tal grieta”, en todo caso hay muchas. Lo que ciertamente no es negociable es pensar que acá no hubo Genocidio contra los Pueblos Originarios por medio del Estado que llevó adelante el General Roca, que el gaucho no fue obligado a la leva y oprimido, que el progreso era “para todos”, que los inmigrantes no fueron perseguidos por las ideas políticas que trajeron, que el Terrorismo de Estado no desapareció 30 mil personas y robó 500 bebés (el número es simbólico, leer a Martín Kohan al respecto). Negar éstos hechos va mas allá de “ensanchar la grieta”, es ignorar a desgano y descaro lo sucedido verdaderamente y que ha contribuido a que se disputen políticamente los espacios de hegemonía en los que los de abajo, los pobres, los negros, los indios, las minorías resistimos o reclamamos y luchamos para lograr una sociedad justa y equitativa.
Insisto: hay verdades y realidades que no se negocian, y la grieta allí ya no tiene razón de ser porque lo que se observa es tangible, no una ficción.
La gobernadora Vidal, por ejemplo, dice que los docentes “ensanchan la grieta”. Se escuda detrás de un término como si ella no tuviera su propia posición. Lo que los y las docentes hacen es luchar para no perder poder adquisitivo y pelear por mejorar las condiciones laborales en la escuela pública. La grieta, así, funciona como una excusa burda sin sentido de análisis. En todo caso, un Estado opresor que atenta contra los derechos ciudadanos es más tendiente a producir esa ruptura -a la que se le denomina Grieta- sin hacerse cargo de ello siquiera, porque el nivel de hostilidad demostrado por el gobierno contra los educadores es peligroso y nefasto.
¿Qué pasaría si no hubiera tal grieta? ¿Pensaríamos todos igual así sin más? ¿No coincidir con el otro/a es producir una herida mortal?
La grieta es una construcción ideológica. Nos guste o no. Y hay que disputar hasta el uso de los términos porque el lenguaje es un gran mediador entre lo que se piensa y cómo se piensa.
Por lo pronto, las grietas que hay en la paredes de mi casa son las que en verdad me asustan en este momento, aunque con un poco de enduído, pienso yo, se pueden simular muy bien. ¿Acaso disimular no es una virtud en este país?

martes, 28 de marzo de 2017

Libros prescindibles: un llamado crítico a las tramas del mercado editorial

Propongo a modo de ensayo, la posibilidad de poner en discusión la importancia o no de ciertos libros de la literatura occidental, planeadas muchas veces como modelos de lecturas.
Quienes estudiamos a la literatura sabemos de la influencia que tuvo el libro escrito por Harold Bloom (crítico norteamericano) llamado “El canon occidental” -de 1995- donde se propone alistar una serie de obras y autores imprescindibles para ser leídos.
Observo cierta postura maniquea al afirmar qué es lo que se debe leer o no. Por el contrario, y más allá de lo que pronuncia Bloom, entiendo que para los lectores de Argentina -al menos- hay ciertos textos que resultan sumamente prescindibles en nuestro propio corpus de lectura.
No veo ninguna necesidad de estar obligados a leer, por ejemplo, “La divina comedia” de Dante Alighieri. Claro que fue muy influyente desde su poética y precursora de cierto material incluso político y filosófico, sin embargo me atrevo a pensar que un “lector medio” de este tiempo (no quiero usar el término barthesiano “lector común”)  no precisa leer tal obra. Así como tampoco precisa conocer “Los cuentos de Canterbury” de Chaucer ni los poemas de Milton o las novelotas insufribles de Proust.
Sólo por nombrar algunos de los autores que Bloom describe por su estética, profundidad, influencia, estilo o procedimiento, entiendo que hay otros tantos que tampoco merecen la pena siquiera un ojeo a sus páginas. Tal es el caso de la literatura naturalista de Stendhal o la obra de Octavio paz (incluso ganador de un Nobel), y hasta me atrevo a decir que “Cien años de soledad” de García Márquez es una de las novelas del autor colombiano menos importante.
Este análisis parte de que muchos textos reconocidos ya sea por la crítica mediática o las ventas o difusión en el mercado, no conllevan motivos para ser explorados más no sea desde la curiosidad que generan en el campo literario y/o intelectual sólo por ser nombrados. “El diario de Anna Frank” es un claro ejemplo de su masiva circulación por la historia alrededor de un libro que en verdad fue, nada más y nada menos, que la fantasía del señor Frank, padre de la joven (si es que ésta existió) y no un testimonio de persecución a judíos por parte de los nazis.
Hay escritores que, por experimentar un cambio de paradigma ya sea estético o político, sus obras han perdido prestigio y resultan claramente prescindibles. El primer Vargas Llosa es más interesante que aquel en el que se convirtió cuando se postuló a candidato presidencia, por ejemplo, o los últimos poemas de Mario Benedetti o los ensayos filosóficos poco profundos del último Sábato. Salvo por “Vigilia del Almirante” después Roa Bastos es hasta un escritor olvidable. Es decir, casos sobran. Está claro que hay ciertos criterios que son ignorados a la hora de promocionar un libro ya que el interés económico parece poder más que el verdadero significado de la obra en sí.
Esto tiene que ver también con que hay escritores reconocidos, vivos o muertos, que han sido sobrevalorados. Es una estrategia de mercado que es útil durante un tiempo. Es el caso de Salinger y Kundera o, más cercano a nosotros, César Aira. Como muchas veces ocurre, un escritor o escritora es leído una vez que murió o si obtuvo un premio importante.
Hay que leer los poemas Homéricos, a Shakespeare, a Cervantes, a Balzac, a Kafka, a Joyce, a Borges. Pero podemos prescindir, como lectores, de acercarnos obligadamente a escritores como J. Swift, John Dos Passos, Virginia Woolf, Céline, Nervo.
Es más, deberíamos agregar al canon (ya, “contracanon”) a autores como Baudelaire, Ray Bradbury, Nabokov, Bukowski, Flanery O’connor, Cortázar, Bolaños, Vallejos, Carpentier, García Lorca, Saramago, Barnes, entre otros, y ofrecer un amplio abanico de escritores que tienen algo importante que escribir y son atractivos por su estilo, lenguaje y/u originalidad.
Siempre digo que lo importante es leer. Hay de todo, cosas buenas y no tan buenas. Los críticos estamos para exigir no para delimitar, y nos exigimos como lectores porque exploramos, buscamos nuevas estéticas, nuevos motivos para hacer de la literatura un campo importante del arte, la política y la sociedad.

viernes, 3 de marzo de 2017

Bartleby, el incomprendido

Bartleby es un personaje kafkiano. Melville construye un sujeto extravagante que resulta una imagen de alguien en épocas de guerra. Melville es un adelantado, o un precursor -en términos borgeanos- para darle un espaldarazo al tipo de protagonista que se construirá en el siglo XX.
El "preferiría no hacerlo" es un espíritu de desorden no sólo mental sino - y lo que me parece más importante- un gesto de desamparo ante la función del empleado en una oficina de "wall street". Y no se trata de una cuestión de "voluntad" como otros críticos han querido demostrar para hacer un análisis del relato porque en esa respuesta hay todo un campo de distorsión social que se complementa con la carga que sufre Bartleby. Hay algo más y se configura en la construcción verbal.
Hay una escena muy clarificadora para desmembrar la elocuencia de la frase más recurrente del texto:
" - Bartleby -dije-, Ginger Nut ha salido; acérquese a la oficina de Correos, ¿le importa? (estaba a tres minutos de marcha), y mire si hay algo para mí.
- Preferiría no hacerlo.
-¿No quiere hacerlo?
- Prefiero no hacerlo."
Las cursivas corresponden a la edición cuya traducción deja bastante que desear. Pero lo que quiero señalar es que por algo el autor marca los dos verbos. Porque "querer" es un tipo de verbo especial ya que si bien no es copulativo exige, en cierta forma, tener un complemento que le dé sentido. Claro que queda implícito de que se trata de "ir a la oficina de correos" pero se enuncia como una opción y no como una imposición. Como verbo transitivo otorga otra posibilidad.
A la contra-pregunta del narrador, el interlocutor responde con énfasis "Prefiero no hacerlo" como una negativa con la posibilidad de decidir, de libertad ante una "orden" que no alcanza, por la intensidad de la exigencia, a ser determinante.
En definitiva, "preferir" se evoca bajo esta posible salvedad o fórmula, tal como la expresa intempestivamente el excéntrico personaje:
 Como preferir no prefiero, pero si no me queda otra...




En este sentido, se prefigura como posibilidad de cumplir o no con lo que se exige de él y esto hace a la personalidad que Bartleby va construyendo a lo largo del relato: desde la negativa.
Bartleby no tiene donde dormir y se presume que ni come o lo hace apenas. Realiza un trabajo como "copista" que no conlleva a algo "creativo" y eso también lo desgasta. Representa la imagen de un individuo al cual el sistema lo ha pasado por arriba. Es Samsa o "el artista del hambre" o, mejor dicho, estos dos son Bartleby en cierta forma atemporal.
Por lo demás, el final es elocuente. Despojado de todo compromiso, pasa sus últimos días en una especie de lo que hoy sería un "hospicio" a soportar su destino maleable (que antes fue alienable). "¡Ah, Bartleby! ¡Ah, humanidad!" exclama el narrador en un acto de desesperación por encontrar una respuesta al desenlace, donde lo incongruente es esencial a lo humano y deja al descubierto las diásporas que pueden desatar el ser.


miércoles, 11 de enero de 2017

Piglia, la literatura como experiencia

La muerte de Ricardo Piglia no es una muerte más. Esa sucesión de fallecimientos de escritores como Laiseca, Rivera y Ludmer dejan un vacío importante tanto en la narrativa como en el ensayo. Y la de Piglia, en particular, en los dos géneros donde mejor supo producir una literatura capaz de abordar conceptos con una claridad envidiable.
Piglia pensó la literatura nacional y además, como si fuera poco, intervino en ella de manera notable. Su gran novela “Respiración artificial” (1980) demostró una nueva manera de narrar los hechos históricos y de experimentar un tipo de ficción que llamó la atención al público lector que se escondía para acercarse a la lectura en época dictatoriales.
Más tarde, con “Plata quemada” (1997) estableció un cierre que él mismo había conseguido abrir cuando en los sesenta -ya como editor- difundió el género policial, momento en que además ganó su primer premio literario con un cuento inaugural que muy pocos conocen -o recuerdan- llamado “La loca y el relato del crimen”.
En materia de ensayo, su producción es memorable. Tanto su participación en revistas literarias como los libros “Crítica y ficción” (1986), “Formas breves” (1999) y “El último lector” (2005); y el último envión -ya enfermo, padecía ELA- que le procuró trabajos como los diarios de su alter ego Emilio Renzi y “Las tres vanguardias: Puig, Walsh, Saer”.

                                          Foto Diario Perfil

Guionista, profesor, editor. Sin dudas, uno de los intelectuales más representativos de la cultura literaria y también política. Alguien dijo por ahí que Piglia era un “borgeano de izquierda”, y me gustó esa caracterización para un escritor que supo ver el procedimiento de los escritores que marcaron, para él, el campo de la narrativa actual. Desde Macedonio hasta Gombrowicz, los entrecruzamientos entre Borges y Arlt, Sarmiento como el primer gran literato, los vanguardistas, Puig como el gran novelista. Y de afuera Faulkner, Joyce, Tolstoi, Kafka.
Definió con el término “ficción especulativa” la trama de Borges y tildó a la segunda parte de “Martín Fierro” como peronista por su búsqueda de una tercera posición.

Simplemente, Piglia. Nos va a hacer falta. Semejante pérdida no se consuela con escritores sobrevalorados o mecenas de gobiernos de turnos. Quizá ahora sus libros aumenten de precios en las librerías, obra que de por sí tiene el gran peso de ser de las más importante del último medio siglo. Leerlo es la mejor manera de homenajearlo.

martes, 3 de enero de 2017

Las cavas (oda a las viejas canteras de Cerro Leones)



Aunque diga “PROHIBIDO PASAR”
la tranquera es vulnerada con justicia.
Semejante resplandor no nos puede ser vedado
a los mortales de a pie
que sabemos adorar 
lo que acostumbramos a desear.
La naturaleza no pide permiso
para mostrar su terrible belleza.
Y lo que alguna vez fue cantera,
sierra herida, piedra y barreno
Ahora es sueño
de un paisaje que se impone,
mágico y sublime, y hasta necesario.
Agua de estanque, eco del silencio,
si la mugre del hombre no la acecha
puede que sea ese el paraíso perdido
que otrora apareció en bitácoras
en noches de malsueño y desvelo
o en mapas de privados y piratas.
Campo rocoso y horizonte pétreo,
Las cavas están en el cerro
para ser subvertidas y protegidas
por nuestras alas de humanidad.
Una salida al mar para Tandil
o sacar ese cartel sin vida.


lunes, 24 de octubre de 2016

DÍAS Y NOCHES (Homenaje a Borges, a 30 años de su muerte)


La oscuridad me sabe a ultraje,
vanidad que algún relato
bíblico y/o mitológico
se apoderó de mí.
Los mares de Ítaca,
por ejemplo,
muestran navíos agazapados
durante días y noches
que sin embargo no puedo ver.
Vaya ironía entonces
la de las luces del tiempo.

Alguien hizo fuego
con melancólica ira:
los sueños de Alonso Quijano
se cuelan por esa hendija,
vasta y eterna, oblicua y rampante.

Ojos, ¿para qué los quiero?
Una melodía le hace sombra
al camino desierto.

Yo -que vi el universo
en ese peldaño pretencioso
de la calle Garay,
que vi al hombre
con sus mil caras
y los astros en la biblioteca de mi padre-
hoy me encuentro ciego y solo,
fatigado como plegaria de Homero
cuando todo era lo otro.

¿Quién seré después de mi?
Toda astucia es sinónimo
de inteligencia.
Soy yo, Borges. Borges soy.
El de la esquina rosada
cuyo destino bárbaro
hizo que empuñara un arma
nuevamente más allá de las vías,
quizá en la pampa.

Que alguien pronuncie
con magnánimo duelo y desorden
este nombre
para que se haga
al fin
la luz.

lunes, 17 de octubre de 2016

Víctor Torres en Feria del Libro Puerto Lectura 2016

Por Cecilia Gianelli (de su blog blogdecee)


Contagiando entusiasmo desde el principio, Victor Torres comenzó contándonos cuál era su lugar de preferencia y desde dónde planteaba el libro: ser lector y docente.

El joven autor nos contó que concibe la literatura conectada con la política y la realidad social, más allá de su concepto estético. De allí la importancia de leer, o releer, ciertas obras claves, como elMartín Fierro [1872], de José Hernández, el Facundo... [1845], de Sarmiento, El Matadero [1871], de Esteban Echeverría o Amalia [1862], de José Mármol. Todas obras imprescindibles a la hora de pensar el siglo XIX, escritas por intelectuales que además, participaban en política con distintos posicionamientos.

Fue muy interesante escuchar las diferentes imágenes que nos llegan a través de la literatura de figuras tan populares, famosas, controvertidas,... como pueden serlo las figuras del Martín Fierro o de Evita. Ficción y realidad unidas y alimentándose, ambos personajes atrapantes para cualquier lector, por distintos motivos.

Así paseamos, con Victor Torres, por un gaucho combativo y desertor, denunciando los abusos de la sociedad de su época, a uno reflexivo y moderado, coincidiendo con una sociedad y un país que cambiaban. David Viñas, Borges y tantos más para definirlo, para unos es un hombre íntegro, para otros un marginado. No se agotan los calificativos.

Sería como pretender aunar los referidos a Evita o al peronismo, donde encontramos muchos ejemplos de escritores que están en las antípodas: Borges,Viñas, Soriano,... Nos recomienda leer los cuentos: «La señora muerta», de David Viñas, «El simulacro», de Borges, «Evita vive», de Néstor Perlongher, entre otras muchas valiosas recomendaciones. También la obra de teatro de Raul Damonte Botana, Copi, «Eva Perón».
Creo que nos quiso transmitir que no nos enfrentemos a estas variadas posiciones, sino que como lectores, construyamos nuestra propia opinión y juicio, enriqueciéndonos con todos ellos, ya que contamos con un corpus que nos lo permite.

También se refirió a la dificultad de editar, pero agradeciendo siempre a la Feria de Libro de Mar del Plata, por el lugar que daba a los escritores independientes y autogestionados. Al considerarse un lector que promociona la lectura, agradeció y valoró los pequeños espacios donde se divulgan y recomiendan los libros.

La charla siguió de manera distendida y cordial, muy relajada. Victor Torres fue inspirador en muchos aspectos. Contándonos anécdotas de sus alumnos y el fútbol, su otra pasión, nos contagió su apasionamiento por leer, analizar y transmitir lo que leemos.
Y mucho más, hablando de la actualidad y los temas que ahora toma la literatura.

Finalizó con la lectura de unos de los textos del libro que recomiendo comprar: «Evita en los avatares de la ficción nacional» [Notas en el Margen].


Victor Torres leyendo un capítulo de su libro.




La figura de Eva Perón es una de las más destacadas no solo en la política sino también en la literatura. Su belleza, juventud, compromiso, santidad e incluso su muerte [lo trágico y el maniquísmo alrededor de su cuerpo] tejen una trama perversa e impoluta al mismo tiempo en la vasta obra de la literatura nacional...
















Notas en el margen y Cuentos para despertarse, de Victor Torres.





Sus dos libros que compré ayer y comentaré próximamente.











miércoles, 21 de septiembre de 2016

Café literario y crítica en Feria del Libro de Necochea



El próximo sábado desde las 10 de la mañana se llevará a cabo un CAFÉ LITERARIO en el marco de la Feria del Libro y las artes en la ciudad de Necochea.
El mismo estará coordinado por el profesor y escritor tandilense Víctor Torres, autor de "Cuentos para despertarse" y "Notas en el margen".
Se hablará de crítica y narrativa en la literatura argentina actual. La cita será en la Galería Central y la entrada es libre y gratuita.

martes, 6 de septiembre de 2016

Taller de escritura de la UNICEN 2016

Ya está abierta la inscripción para participar del Taller de Escritura que promueve la Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires. El mismo será coordinado por el profesor de Literatura y escritor local Víctor Torres (autor de "Cuentos para despertarse" y "Notas en el margen: apuntes de lecturas perdidas" y que obtuvo recientemente premios literarios).
El Taller será dinámico, donde experimentar la escritura de distintos géneros literarios y conocer recursos para diversas técnicas de producción escrita y lecturas.
Los martes de 18:30 hs a 20:30hs en la Sala C del Centro Cultura Universitario de Tandil será la cita, previa inscripción en Yrigoyen 662.



miércoles, 31 de agosto de 2016

Libro autogestionado de ensayos a la venta

Mi libro de ensayitos y reseñas "Notas en el margen: apuntes de lecturas perdidas" ya está a la venta. Es un libro artesanal, autogestionado: valor $80. Por privado se encargan y se imprimen.



Les paso el índice para específicar de qué va la cosa:
ÍNDICE
Prólogo (La crítica literaria actual)
Walter Benjamin: Tiempos y destiempos de la historia
Futuro y retrospección en la obra de Ezequiel Martínez Estrada
El realismo de Gálvez
El mundo Laiseca
Blajaquis y el cielo por asalto
El “viaje” como modalidad literaria
Homosexualidad en la literatura argentina
El (extraño) efecto Aira
Bonaparte y Bolívar en la mira de Marx
Evita en los avatares de la ficción nacional
Mariátegui y la dimensión estética
El “arte de narrar” en Walter Benjamin
Arlt y Soriano: una continuidad
¿Las ideas no se matan?
La literatura francesa en las letras argentinas
Literatura popular en estos tiempos
Mansilla, el escritor que le dio voz a los marginados
El escritor tandilense y la tradición
Algunas categorías para leer a Viñas
Tirar a Casas por la ventana
Borges y Viñas: miradas sobre el peronismo
RESEÑAS
Un muerto en el baúl
Reconstruir la historia, Martín Kohan
El cometa Oyola
Cámara y acción
El evangelio según Fogwill

                                                         Víctor Torres (2016)

domingo, 28 de agosto de 2016

Amor, desamor, fútbol (pieza teatral de un solo acto)

  

Se abre el telón.
Mesa de un bar. Es de noche. El Negro está sentado solo. Viste camisa y en uno de los bolsillos un paquete de cigarrillos. Fuma uno mientras relojea el diario. Por el foro aparece Roque, en bermudas, camiseta blanca y chinelas. Muestra cara de angustia. Se sienta al lado de su amigo y éste lo mira aunque sin abandonar el periódico. Un minuto después:

NEGRO: ¿Qué pasa Roque que tenés esa cara de referí asustado?
ROQUE : (triste) La rubia. Me pateó.
NEGRO: (dobla el diario a la mitad y lo deja sobre la mesa) ¿Cómo? ¿Qué pasó?
ROQUE: Me agarró en orsai.
NEGRO: (agarrándose la cabeza) ¡No! Ay, Roque querido...
ROQUE: Sí Negro, le fallé como penal de Delem. Ya lo sé.
NEGRO: No me digas que te embobaste otra vez con la Turca.
ROQUE: (empieza a gesticular con las manos)Y... la vi, nos abrazamos... ¡Me la dejó picando, me la dejó! Y la rubia me enganchó.
NEGRO: ¡Qué mala suerte amigo! (le palmea el brazo izquierdo)
ROQUE: (Lamentándose) ¿Viste vó? ¡Más desgracia que gol en contra!. Mirá que la venía gambeteando, pero... ¡La turca es la turca, hermano! Y la tenía que embocar, no podía desaprovechar ese mano a mano ¿entendés?
NEGRO: Pero la jugada te salió mal ¡Le pifiaste abajo del arco! La rubia te embocó a vos. Ahora, vos también... ¡ tenés más desbordes que Garrincha! (cuenta con los dedos) Antes la Chola, ahora la Turca...
ROQUE: (Se agarra la cabeza) ¡Ay, la Chola! Si no me la encuentro mirá, pega en el palo... ¡Es un lujo esa mina! El otro día la vi en el barrio, se movía como Boyé adentro del área (moviéndose de un lado a otro)...
NEGRO: ¡Un palazo te va a dar el marido! (Agarrando el diario y haciéndo un gesto de golpe)
ROQUE: ¡Pará de fauliarme amigo! ¡Tirame un centro! Además, a ese me lo paso de taquito. ¡Se la clavo en el ángulo, se la clavo! Como cabezazo de Erico...
NEGRO: Mirá que sos bravo Roque, eh. ¡Siempre el rebote te cae a vos! Sos como laiman bien ubicado: ¡no dejás pasar una!
ROQUE: ¿Sabés lo que pasa Negro? Las minas son así, son como el fúbol...
NEGRO: (Lo mira sorprendido) ¿Como el fúbol? ¿Por?
ROQUE: Pasión, sentimiento... y no se les puede decir que no...


                                         SE CIERRA EL TELÓN.

jueves, 25 de agosto de 2016

Conferencia: Libros y escuela. La biblioteca como paraíso perdido

Por idea de una colega, el próximo viernes comienzo a coordinar un espacio de charlas denominado "Libros y escuela: la biblioteca como paraíso perdido".
La primera será el próximo viernes 26 a las 18:15 hs en la carrera superior de Bibliotecología que funciona en la Escuela Normal.
La próxima, a confirmar será en el anexo que la carrera tiene en Vela.
Los/as esperamos!

sábado, 20 de agosto de 2016

Ulises, novela y epifanía

Es difícil leer el "Ulises" de Joyce tanto como "Absalón" de Faulkner (lo dejé en la primera parte al igual que "En busca del tiempo perdido de Proust). Y eso que las lecturas previas de "Dublineses" y "El retrato" son precisas para enfrentar uno de los textos más importantes del siglo XX. Los ensayos de Carlos Gamerro y Luis Gusman también aportan lo suyo en esta experiencia.
Joyce pinta Dublín como Kafka a Praga. Y es más: Joyce reconstruye la ciudad, el plano, las calles, sus mitos, a tal punto de que el "Bloom Day" se festeja como si fuera una parte importante en la historia de la ciudad, que en este caso parte de una ficción. Y la lengua, por que Joyce se apropia de la lengua cuyo emblema es Shakespeare y le aporta las voces que imperan por esos tiempos (por eso Beckett tuvo que aprehender el francés).
Leer el Ulises sugiere estar atento a la polifonía que presenta el texto: las disrupciones y locuacidades implícitas suponen un lector concentrado e hilar a medida que el texto se desarrolla. Esa es una gran virtud del autor, quizá el novelista del siglo.
Lo que está claro es que, por ejemplo, "Rayuela" me termina pareciendo una novela "mala" al lado de Ulises. Quiero decir: Cortázar hace uso de algunas técnicas narrativas que Joyce había escrito casi medio siglo antes, no entiendo porqué esa devoción entonces por "Rayuela" (y el prestigio cobrado por lo "novedoso"). Y si me apuran, Macedonio Fernández ya había establecido los procedimientos que Julio Florencio utiliza en su novela y ubicables ya en "La muerte de Artemio Cruz" de Fuentes.
Si hay una genialidad en Cortázar son, indudablemente, sus cuentos. En cuanto a la novela, voy a seguir aventurando con "Ulises".

viernes, 22 de julio de 2016

Williams y la lucidez marxista

¿Es posible pensar en un marxismo lúcido de la mano de un inglés? Con Raymond Williams la respuesta es afirmativa. Hay veces que se cree que los países imperialistas solo pueden dar pensadores imperialistas. Basta conocer a Chomsky e incluso a Ramonet o Jamenson, en esa línea es que Williams (como su discípulo Eagleton) resulta ser un inequívoco teórico para pensar el marxismo en estos tiempos de "desideología" y dominación de un capitalismo "moderado".
Dirá Luis Mattini (ex militante del ERP-PRT) al respecto "el marxismo tiene gentilicio pero no tiene nacionalidad, El leninismo es el marxismo ruso. El guevarismo es el marxismo de post guerra, liberado de la presión imperial. y así de seguido. La cultura inglesa aporto mucho a la cultura occidental!!! Y claro que Williams es de lectura obligada!!!! Un notable inglés."
Con "Tragedia moderna", Williams aporta elementos interesantísimos para pensar en una teoría de la revolución como un proceso de "desorden" en el que la Revolución o el cambio social son necesarios para el hombre más allá del camino que se elija para ello.
"La revolución sigue siendo necesaria no solo porque algunos hombres la desean, sino porque no puede ser aceptable un orden en el que la entera humanidad de cualquier hombre sea en la práctica denegada".
Williams habla de "formas" en la lucha, de la identificación del enemigo, la correlación de fuerzas, de un socialismo en occidente con sus propias características en cada país. Williams, por momentos, es mariateguiano: piensa en la revolución sin una receta, ni pacífica ni violenta, pero sí como una "tragedia moderna" porque hay que saber sufrir y superar lo caótico de una transformación social con tal de lograr la liberación humana.
En el capítulo 4 concluye: "Entonces ver la revolución desde la perspectiva trágica es el único modo de sostenerla".
Ignorar el marxismo de Williams es desconocer un criterio teórico fundamental de cualquier militante revolucionario o que se identifique como tal.

sábado, 16 de julio de 2016

Mansilla, el escritor que le dio voz a los marginados

Por Víctor Torres


“Y si el lector dijere ser comento
como me lo contaron te lo cuento”
 Lucio V.Mansilla a Santiago


Lucio V. Mansilla fue un escritor genial. Pese a su mirada elitista y liberal, su carácter pedante por momentos consumido a partir de su grado militar, logró una prosa potente y audaz, con un estilo particular en relación a la forma de lo que se escribía hacia la segunda mitad del siglo XIX.
Un prosista muy hábil, con una gran técnica narrativa en la crónica y el relato personal, de diario, gracias a una serie de viajes que realizó desde muy joven por varias partes del mundo.
En esto, su “yo” narrador se apodera y, como le gustaba decir, deja su “estampa”. Mansilla, como coronel,  incorporó en el relato de guerra ciertas curiosidades e historias de “bárbaros” creando un ambiente ficcional entre lo que vive y le cuentan. El testimonio de un “otro” (indios, gauchos, cautivos, soldados) le resultará clave para componer una prosa que le permite hilar entre la experiencia de escuchar y la de escribir.
De hecho, su obra más famosa “Una excursión a los indios Ranqueles” tiene el carácter de epístola cuyo destinatario, su amigo Santiago, recibe el parte sobre lo que observa en los toldos de Mariano Rozas.  En este caso, un viaje tierra adentro, en la profundidad de la llanura pampeana en busca de un contacto fluido con las comunidades indígenas para “negociar la paz”[1].
Ser un escritor era un privilegio para los hombres del progreso. No cualquiera podía dedicarse de la literatura, y en un punto pareciera que Mansilla ocupó un cargo militar para poder narrar. Es decir: se convierte en general del ejército no sólo por poseer un dominio de mandato sino para “ir a la aventura” para encontrar algo que contar. Y dónde sino en la pampa argentina por aquellos años.
La casta a la que perteneció el Coronel, como se sabe, fue de alta alcurnia. Su nivel adquisitivo no le exigía para nada alistarse en el ejército. Sin embargo, es allí donde mejor va a explotar su estética, aunque suene a paradoja.



A diferencia de otros de su generación denominada “del ´80”, como lo fueron Cané y Wilde, Mansilla busca en la barbarie lo que un escritor “civilizado” prefiere ignorar. No escribe sobre los lujos de clase (pese a que viajar a otros continentes lo era) ni se ocupa de describir los pormenores de los salones que frecuentaba: encuentra y pone el ojo en los pesares que le suceden a los oprimidos de su época.
En un pasaje de su estadía en la pampa dice: “Alguien ha dicho que nuestra pretendida civilización no es muchas veces más que un estado de barbarie refinada”. Lucio V. es consciente del lugar que ocupa en las regiones de los “salvajes” cuando los visita: un dandi que ha atravesado la frontera para inmiscuirse en el mundo bárbaro.
“Los siete platos de arroz con leche” es un libro clave para entender estos apuntes. Algunos de los textos que allí se incluyen aparecen tanto en La Excursión como en "Las causeries de los jueves", y resulta una compilado interesante para analizar lo dicho anteriormente.
Hay relatos que merecen ser oídos y transmitidos: Mansilla es más que un cronista de viajes, se apropia de historias para que los de su clase las puedan conocer. Un encuentro con su tío Rosas en Palermo, las historias de Miguelito, Patiño y el Cabo Gómez, una totalidad que forma parte del mundo de alguien que busca en la literatura un motivo para distraerse.




[1] Sobre este tópico trabajé en un ensayo titulado “La excursión de Lucio V”, donde la hipótesis principal es que, a mi criterio, Mansilla da muestras de no estar muy convencido de esa negociación y actúa de manera muy despectiva con la comunidad Ranquel.